A diferencia de lo que sucede en la infancia, hacer amigos a partir de cierta edad no resulta nada sencillo. La dificultad para conciliar la vida social y la laboral, la aparición de las relaciones de pareja y la falta de tiempo son algunas de las razones que explican por qué muchos adultos tienen verdaderas dificultades a la hora de ampliar su círculo de amistades.
Además de los condicionantes propios de la edad, existen otros factores de índole biológico que nos impiden de igual forma ir ampliando infinitamente el número de integrantes de nuestra lista de amigos. Eso es lo que ha descubierto un grupo investigadores de la Universidad de Oxford, en Reino Unido, a través de un estudio que concluye que, por mucho empeño que pongamos, sumar más de cinco amigos de verdad es prácticamente imposible.
Según se desprende de la investigación llevada a cabo por el antropólogo británico Robin Dunbar y el resto de su equipo, existe una relación directa entre el tamaño del cerebro de los primates y los grupos sociales que estos acaban formando. Es decir, que cuanto más grande es el neocórtex, más amplia es la comunidad que se acaba formando.
Tal y como apunta el trabajo de los ingleses, los seres humanos, a pesar de que la evolución nos ha dado un cerebro con más capacidad que el resto de las especies, contamos con férreas limitaciones a la hora de aumentar nuestro capital social.
Dadas las dimensiones de nuestra corteza cerebral, difícilmente podemos llegar a desarrollar algún tipo de relación con más de 150 personas, estamos capacitados para crear un vínculo estrecho con más de 35 sujetos, podemos considerar cercanos a más de una decena de individuos y conseguiremos acumular más de cinco amigos de verdad.
SOLO LE CAES BIEN A LA MITAD DE TUS AMIGOS
Para colmo, según otra investigación, en este caso llevada a cabo por el Massachusetts Institute of Technology (MIT), sólo le caemos bien a la mitad de nuestros amigos. Eso es, al menos, lo que se desprende de un estudio en el que se analizaron pormenorizadamente los vínculos de amistad de 84 personas de entre 23 y 38 años que compartían aula de estudios.
Sujetos a los que se les pidió que graduaran su vínculo de amistad con cada uno de los individuos que integraban la clase, puntuando del 0 al 5, donde 0 significaba “no conozco a esa persona”, 3 “amigo” y 5 “buen amigo”. La primera conclusión a la que llegaban los estadounidenses tras cotejar los formularios no podía ser más lapidaria: el sentimiento de amistad no suele ser recíproco.
Y es que, a pesar de que el 94% de los encuestados esperaba encontrar reciprocidad en su amistad, solo la halló el 53%. Porcentaje que pone de manifiesto la existencia de una brecha de percepción en las relaciones de amistad que los científicos norteamericanos atribuyen a la dificultad que la gran mayoría tenemos a la hora de definir la amistad.
Más allá de lo que cada uno entienda por amistad, e independientemente de si conseguimos edificar una relación recíproca y sincera con una, dos o cinco personas, en lo que debemos centrar nuestros esfuerzos es en no perderla. Y es que, como averiguara el sociólogo holandés Gerald Mollenhorst, si conseguimos mantenerla durante siete años, lograremos que sea para toda la vida.
Autor: Diego Bermejo
Fuente:
https://www.elmundo.es/f5/comparte/2019/12/07/5de8f7e9fc6c83464b8b4687.html